Un amigo inesperado

Previo a toda la emoción de pasear por Nueva York está el hecho de llegar al Aeropuerto, salir de él y conseguir la Metrocard para poder usar el subte.

Cuando pagamos el Airtrain (que explicaremos en otro post) intentamos varias veces sacar ahí mismo la Metrocard pero sin suerte, avanzamos en la Estación Jamaica hasta que llegamos a unas máquinas que inferimos eran las que buscábamos (pero por las dudas preguntamos), ahí conocimos a Hwang (a quien llamaremos Juan), un joven surcoreano que como nosotros iba a pasar unos días en NY y que estaba tan convencido como nosotros de su falta de orientación, por lo que no pudimos recibir ayuda de su parte, sin embargo al haber probado las máquinas con más celeridad notamos que no servían para sacar la Metrocard Ilimitada. En ese momento escuchamos que debíamos ir hasta la boca del subte y allí podíamos encontrar lo que buscábamos. Le compartimos la info a Juan y en ese momento se entabló algo parecido a una charla. Nos comentó que iba a estar 5 días en NY, quedándose en Brooklyn, también nos contó que tenía una amiga Colombiana… pero con ella solo aprendió a decir “hola”.

Cuando llegamos a la boca del subte vimos las añoradas máquinas y pudimos gestionar nuestras Metrocard y le indicamos como hacer lo propio. La ansiedad nos llevó a despedir rápido a Juan y correr en busca de nuestro subte.

Al día siguiente y luego de un intensísimo paseo por Brooklyn, que nos tomo todo el día, lo finalizamos en el mítico y deslumbrante Top of the Rock. Era un mundo de gente y la verdad es que estábamos muy cansados, luego de sacar (o intentar sacar) muchas fotos, decidimos irnos, subimos al primer ascensor y allí nos llevamos la grata sorpresa de que subió Juan atrás nuestro. Al reconocernos se alegro y largo un “¡¡¡Hola!!!”. Muy simpático nos contaba lo que había hecho y lo que tenía planeado, nosotros hicimos lo mismo y le dimos algunos tips.

Es una historia mínima pero nos gustó que se acordara de nosotros en medio de esa gigantesca ciudad y hoy a la distancia nos hace pensar que la gran pintura se puede reducir a unos turistas siendo atentos con otra persona, recibiendo a cambio simpatía y buena onda.

Mabel y Lisandro

 

 

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